Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH)

Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH)

Puede que en el colegio te estén hablando de la posibilidad de que alguien de tu entorno cercano padezca este trastorno. Si necesitas más información sobre este trastorno y estás en busca de expertos que puedan ayudarte, estás en el lugar correcto.

El Trastorno por Déficit de Atención (con o sin Hiperactividad) es la alteración neuropsiquiátrica más frecuente en la infancia (aunque en ocasiones se prolonga a lo largo de la vida adulta). Se trata de un trastorno capaz de interferir con el desarrollo personal, emocional, académico, familiar y social del niño. Vamos a explicarte un poco mejor en qué consiste.

¿En qué consiste el Trastorno por Déficit de Atención?

El origen del autismo es desconocido y la heterogénea presentación de las dificultades que conlleva hace difícil definir si se trata de un trastorno, una enfermedad o una condición. Hay algunas enfermedades médicas que se asocian, además de a problemas orgánicos de diversa índole, a autismo en ocasiones y determinados síndromes neurológicos que también presentan autismo entre sus síntomas.

Según el Manual Diagnóstico y estadístico de trastornos mentales, DSM-V, el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad se define en base a los siguientes criterios.

A. Patrón persistente de inatención y/o hiperactividad- impulsividad que interfiere con el funcionamiento o el desarrollo, que se caracteriza por (1) y/o (2):

1. Inatención: Seis (o más) de los siguientes síntomas se han mantenido durante al menos 6 meses en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo y que afecta directamente las actividades sociales y académicas/ laborales:
NOTA: Los síntomas no son sólo una manifestación del comportamiento de oposición, desafío, hostilidad o fracaso en la compresión de tareas o instrucciones. Para adolescentes mayores y adultos (17 y más años de edad), se requiere un mínimo de cinco síntomas.

  • Con frecuencia falla en prestar la debida atención a detalles o por descuido se comenten errores en las tareas escolares, en el trabajo o durante otras actividades.
  • Con frecuencia tienen dificultades para mantener la atención en tareas o actividades recreativas.
  • Con frecuencia parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • Con frecuencia no sigue las instrucciones y no termina las tareas escolares, los quehaceres o los deberes laborales.
  • Con frecuencia tiene dificultad para organizar tareas y actividades.
  • Con frecuencia evita, le disgusta o se muestra poco entusiasta en iniciar tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.
  • Con frecuencia pierde cosas necesarias para tareas o actividades.
  • Con frecuencia se distrae con facilidad por estímulos externos.
  • Con frecuencia olvida las actividades cotidianas.

2. Hiperactividad e impulsividad: Seis (o más) de los siguientes síntomas se han mantenido durante al menos 6 meses en un grado que no concuerda con el nivel del desarrollo y que afecta directamente a las actividades sociales y académicas/laborales:
NOTA: Los síntomas no son sólo una manifestación del comportamiento de oposición, desafío, hostilidad o fracaso para comprender tareas o instrucciones. Para adolescentes mayores y adultos (a partir de 17 años de edad), se requiere un mínimo de cinco síntomas.

  • Con frecuencia juguetea con o golpea las manos o los pies o se retuerce en el asiento.
  • Con frecuencias se levanta en situaciones en que se espera que permanezca sentado.
  • Con frecuencia corretea o trapa en situaciones en las que no resulta apropiado.
  • Con frecuencia es incapaz de jugar o de ocuparse tranquilamente en actividades recreativas.
  • Con frecuencia está “ocupado”, actuando como si “lo impulsara un motor”.
  • Con frecuencia habla excesivamente.
  • Con frecuencia responde inesperadamente o antes de que se haya concluido una pregunta.
  • Con frecuencia les es difícil espera su turno.
  • Con frecuencia interrumpe o se inmiscuye con otros.

B. Algunos síntomas de inatención o hiperactivo-impulsivo estaban presentes antes de los 12 años.

C. Varios síntomas de inatención o hiperactivo-impulsivos están presentes en dos o más contextos.

D. Existen pruebas claras de que los síntomas interfieren con el funcionamiento social, académico o laborar, o reducen a calidad de los mismos.

E. Los síntomas no se producen exclusivamente durante el curso de la esquizofrenia o de otros trastornos psicóticos y no se explican mejor por otro trastorno mental.

Existen diferentes formas en las que este trastorno puede aparecer:

  • Presentación combinada: Si se cumplen el Criterio A1 (inatención) y el Criterio A2 (hiperactividad- impulsividad) durante los últimos 6 meses.
  • Presentación predominante con falta de atención: Si se cumple Criterio A1 (inatención) pero no se cumple Criterio A2 (hiperactividad-impulsividad) durante los últimos 6 meses.
  • Presentación predominante hiperactiva/impulsiva: Si se cumple el Criterio A2 (hiperactividad- impulsividad) y no se cumple el Criterio A1 (inatención) durante los últimos 6 meses.

En resumen, este trastorno se centra en la dificultad del sujeto para mantenerse centrado en las diferentes tareas o actividades de su vida cotidiana, en una excesiva agitación motora y/o en una marcada dificultad para controlar sus impulsos.

Preguntas frecuentes en relación al TDAH

Cuando vemos que los niños que están distraídos, dispersos, les cuesta concentrarse o se les olvidan las cosas podemos sospechar un posible TDAH. Sin embargo, no siempre cumplirá todos los criterios para recibir este diagnóstico. Por ejemplo, esas características engloban a muchas personas que tienen dificultades puntuales y/o están pasando por una situación familiar o personal difícil. Cuando tenemos muchas preocupaciones nos cuesta prestar atención a lo que sucede a nuestro alrededor.

La infancia es un periodo de especial vulnerabilidad y es importante detectar cualquier alteración capaz de interferir en el desarrollo de los más pequeños. Cuando nuestras conductas interfieren en su desarrollo personal (ya sea a nivel social, emocional, personal o académico/profesional), es importante realizar una evaluación neuropsicológica completa para identificar cualquier patología e intervenir de forma precoz para prevenir las consecuencias negativas y el deterioro funcional.

Multitud de estudios científicos han demostrado que la contribución genética al TDAH es mucho mayor que la derivada de otros factores. En consecuencia, es normal que muchas familias observen semejanzas en las conductas de sus hijos a las de algún progenitor o familiar cercano. En cualquier caso, la transmisión hereditaria de este trastorno no es tan sencilla. El hecho de tener un progenitor diagnosticado de TDAH (o incluso a los dos) no significa que sus hijos vayan a padecer este trastorno.

En absoluto. Tras una valoración completa se podrá recomendar o no la medicación. Por supuesto, la preferencia de los padres siempre debe ser tenida en cuenta a la hora de realizar cualquier recomendación. Si bien la medicación ayuda a mejorar la atención y concentración del niño, así como a reducir la inquietud y la impulsividad, hay otras alternativas terapéuticas de gran valor. Estas incluyen técnicas de estudio, técnicas de modificación de conducta y la modificación de factores ambientales (entornos académicos adaptados, etc.).

Es posible que desde el centro educativo se hagan una serie de recomendaciones y que se modifiquen algunos aspectos del entorno del niño. Generalmente, son adaptaciones menores, ya que la materia que va a trabajar será la misma que para el resto de sus compañeros, pero se podrá adaptar el formato de examen o de planificación de cuaderno o tareas. El trabajo coordinado colegio-padres-terapeutas será fundamental para lograr los mejores resultados posibles.

Todos sabemos y vemos cada día cómo estos niños desbordan energía, son creativos, intuitivos, muestran ingenio y entusiasmo. Es nuestra responsabilidad como profesionales clínicos o educadores ayudarles a lo largo de su desarrollo, fomentar sus capacidades y ayudarles a desarrollar su máximo potencial. Desde la neuropsicología podemos ayudar y orientar tanto a los niños como a sus padres y profesores.

Pueden ayudarte


Trastornos del Espectro Autista

Trastornos del Espectro Autista

El autismo se considera un trastorno del neurodesarrollo, aunque es un concepto que en ocasiones genera polémica entre profesionales y personas autistas y tal vez podamos ayudarte a comprenderlo un poco mejor.

Si estás leyendo este texto, seguramente tú o alguien de tu entorno tiene la sospecha o ha recibido recientemente el diagnóstico de trastorno del espectro del autismo y tienes interés en consultar con algún experto en el tema.

Origen del Autismo

El origen del autismo es desconocido y la heterogénea presentación de las dificultades que conlleva hace difícil definir si se trata de un trastorno, una enfermedad o una condición. Hay algunas enfermedades médicas que se asocian, además de a problemas orgánicos de diversa índole, a autismo en ocasiones y determinados síndromes neurológicos que también presentan autismo entre sus síntomas.

Por este motivo, es razonable que se realice una valoración médica de las personas autistas cuando reciben el diagnóstico. Dicha evaluación está bastante estandarizada y suele ser homogénea entre los distintos profesionales:

  • en función de la edad
  • la sintomatología observada
  • y los antecedentes personales y familiares

Sobre éstos, el neurólogo decide qué exploraciones complementarias son necesarias en cada persona.

La amplia variabilidad de la sintomatología en el trastorno del espectro autista y las diferentes alternativas para abordarlo, hacen necesaria a veces la ayuda de un profesional para entender la naturaleza del comportamiento y dificultades de las personas autistas.

Definición de Autismo

Como seguro que ya habréis leído, si lleváis un tiempo buscando información sobre el tema, según el Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, DSM-5, el trastorno del espectro del autismo se define como:

  • Deficiencia persistente en la comunicación social e interacción social en diferentes contextos, manifestado por (actualmente o en los antecedentes).
  • Deficiencia en reciprocidad socioemocional.
  • Deficiencia en la conducta comunicativa no verbal usada en la interacción social.
  • Deficiencias en el desarrollo, mantenimiento y comprensión de las relaciones.
  • Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades, que se manifiestan en dos o más, actualmente o en los antecedentes.
  • Movimientos, uso de objetos o habla estereotipados o repetitivos.
  • Insistencia en la monotonía, excesiva inflexibilidad de rutinas o patrones ritualizados de conducta verbal o no verbal.
  • Intereses muy restringidos y fijos que son anormales en intensidad o foco de interés.
  • Hiper o hiporeactividad a estímulos sensoriales o interés inusual por aspectos sensoriales del entorno.
  • Los síntomas del autismo están presentes en las primeras fases del desarrollo, aunque no se manifiesten totalmente hasta que la demanda social supera las capacidades limitadas o estén enmascarados por estrategias aprendidas en fases posteriores de la vida.
  • Los síntomas causan deterioro clínicamente significativo en lo social, laboral u otras áreas de funcionamiento habitual.
  • Esto no se explica por otras causas, como un trastorno del desarrollo intelectual o un retraso global del desarrollo.

Clasificaciones y grados de Autismo

Además de lo antes señalado, la clasificación del autismo especifica:

  • con o sin déficit intelectual asociado,
  • con o sin deterioro de lenguaje asociado,
  • asociado o no a condición ambiental, médica o genética conocida.
  • Asociado a otro trastorno del desarrollo neurológico, trastorno mental o del comportamiento,
  • con o sin catatonía.

Y define 3 grados de afectación del autismo: dentro de esta categoría dimensional, recogiendo también otras dos opciones, síntomas subclínicos (peculiaridades e intereses inusuales que no interfieren frecuentemente en la vida diaria) y dentro de la normalidad (en este caso hablaríamos de peculiaridades o aislamiento sin interferencia en la vida cotidiana).

  • Grado 1 “necesita ayuda”
  • Grado 2 “necesita ayuda notable”
  • Grado 3 “necesita ayuda muy notable”

Según esta clasificación, el autismo consiste en presentar dificultades en la comunicación con otras personas (podríamos incluir aquí desde personas sin lenguaje a personas con un lenguaje particular, con voz robotizada, radiofónica, musicalidad y con expresiones idiosincrásicas o lenguaje que no se ajusta en su formalidad al interlocutor).

Además, el paciente presenta dificultad en las relaciones sociales, (podríamos incluir a personas que pasan tiempo solos sin buscar contacto; pero también, personas que tienen deseo de socializar pero fracasan por dificultad para mantener una conversación, intervenciones inoportunas y descontextualizadas, tendencia a hablar sobre un tema sin atender a los intentos de comunicación de su interlocutor).

Por otro lado, exhiben intereses o movimientos repetitivos o estereotipados, (esto incluiría desde personas que alinean objetos, se balancean, solo muestran interés por determinados objetos, hasta expertos en determinados temas, de los que profundizan más que los demás, pasando largas horas pensando en esos temas).

De igual manera, en ocasiones sienten excesiva sensibilidad a estímulos, como sensibilidad a los ruidos, a los diferentes tejidos de ropa, interés por oler las cosas y a las personas, afinidad por objetos fríos o blandos, atracción por objetos brillantes o que producen reflejos (aunque esto último no es imprescindible para realizar el diagnóstico).

Por último, estas personas podrían tener lenguaje o no tenerlo, y tener buena capacidad intelectual o dificultades cognitivas.

Ahora bien, llegados a este punto del texto, te habrás dado cuenta de que en esta definición del Trastorno del Espectro Autista caben personas muy diferentes y es fácil intuir que la vida podría resultar más difícil a las personas autistas sin lenguaje o capacidad de comunicación reducida.

Asimismo, a las personas con una capacidad intelectual inferior a la media de la población, o bien si sus dificultades suponen una interferencia importante en la vida diaria, dificultando su cambio de foco o ampliación de intereses.

Para entendernos mejor, podríamos definir el autismo como una construcción diferente de la arquitectura cerebral, la cual ocasiona alteraciones sensoriomotrices y una forma diferente de procesar la información de forma global, especialmente la expresión de pensamientos o ideas a través de un canal de comunicación, la conducta y los intereses.

Finalmente, aunque aun no se sabe con exactitud el motivo por el que el cerebro de las personas autistas es diferente al de las personas “neurotípicas”, todo apunta a un origen genético como la causa más probable.

Neurodesarrollo y la Normotipicidad

Hasta ahora hemos abordado dos conceptos que seguramente merecen detenernos: el neurodesarrollo y la normotipicidad.

En primer lugar, desde el nacimiento, a lo largo de la infancia, la adolescencia y hasta la vida adulta, el cerebro se va desarrollando y adquiriendo habilidades, necesarias para conducirse de forma autónoma y saludable en la vida.

Este desarrollo del cerebro, el neurodesarrollo, aun con ligeras variantes, tiene unas fases muy establecidas y comunes para todo el mundo.

El momento en el que se establecen determinados circuitos neuronales, que permiten a la persona adquirir habilidades concretas, es el mismo para todos los humanos. Sin embargo, cómo se expresan estas habilidades adquiridas es singular y original en cada persona, lo que nos hace a todos interesantes y únicos.

Cuando una persona difiere mucho del resto, en el momento o en la capacidad de adquirir determinadas habilidades o patrones de conducta, podemos decir que presenta un trastorno del neurodesarrollo.

Al igual que en otros trastornos, el límite que define lo que se considera o no dentro de la normalidad, es un límite estadístico. Lo lo más frecuente o típico se conoce neurotípico y lo que se desvía del resto de la población se conoce coloquialmente como neurodiverso.

Cuando hablamos de trastornos del neurodesarrollo, solemos incluir además del trastorno del espectro del autismo, el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad, el trastorno del desarrollo intelectual y algunos problemas de aprendizaje, conducta o emociones.

Preguntas frecuentes sobre Autismo

Utilizar estas clasificaciones permite a los profesionales comunicarse en un lenguaje común, que permita identificar rápidamente las necesidades que puede presentar la persona que acude a consulta y poner en marcha los recursos necesarios para acompañarle en el camino de la vida.

Por ejemplo, actualmente hay evidencia de que, ante sospecha de autismo en la primera infancia, la estimulación y atención temprana es fundamental y consigue avances en todos los niños (dependiendo, claro, de su potencial cognitivo).

En cada Comunidad Autónoma se accede a esta atención por diferentes canales y hay diversas terapias que pueden resultar de utilidad, en función de varios factores asociados a la persona, a su familia y a factores ambientales.

Algunos recursos necesitan necesariamente poner nombre al problema para poder acceder a ellos y poder priorizar a las personas que más se puedan beneficiar de lo que ofrecen.

Pero, además, es importante, para acompañar a las personas autistas de nuestro entorno, conocer sus fortalezas y debilidades y así poder empatizar con su malestar, entender algunas de sus singularidades, evitarles sufrimiento innecesario y facilitar que puedan llevar una vida plena.

El autismo con sintomatología menos visible, antes conocido como Síndrome de Asperger, porque no asociaba trastorno de lenguaje en la primera infancia y se encuadraría en el Grado 1 del que hablábamos, con menos necesidad de ayuda, generalmente tarda más en detectarse o pasa desapercibido.

Por supuesto, es importante conocer esta condición cuanto antes, pero incluso en la edad adulta ayuda a la persona a elaborar una narración de su biografía desde otro enfoque que explique algunas de las experiencias vividas y permita aceptarse, mirarse con compasión y sobre todo conocerse y evitar momentos de sufrimiento y malestar emocional.

Aunque seguro que hay información tanto de profesionales que se dedican a la divulgación, como de activistas autistas adultos, que pueden facilitar que os identifiquéis con lo que relatan, es necesario que profesionales con experiencia y formación en autismo puedan realizar una entrevista orientada a detectar esta condición.

Pero, además, que puedan abordar e indagar si se han producido otras comorbilidades, es decir, problemas emocionales o de salud mental que se hayan podido desarrollar.

Esto porque, estaréis de acuerdo con nosotros, llegar a ser un adulto con dificultades en la socialización, comunicación y con intereses repetitivos, puede hacer a la persona la vida más difícil y colocarle en situación de vulnerabilidad para el desarrollo de problemas de salud mental.

Los apoyos educativos los determinan los especialistas en esa tarea, los orientadores escolares de los centros docentes. Como recordaréis, hemos hablado de que el autismo es muy heterogéneo en su presentación y cada persona es única y como tal, tiene sus propias necesidades.

Desde la psiquiatría y la psicología, podemos estar en comunicación con los centros docentes, asegurar que entienden las particularidades de cada niños o adolescente, para facilitar que puedan encontrar la opción formativa más adecuada para que desarrollen todo su potencial y tengan una vida plena.

Aunque la atención temprana es fundamental, hay algunas terapias que tienen demostrada su utilidad con evidencia científica.

Los profesionales responsables de acompañaros, podemos orientaros sobre si la terapia que habéis elegido va en la línea adecuada y también coordinarnos con los profesionales en función de los progresos que observemos.

Actualmente, no hay ninguna medicación que mejore los síntomas nucleares del autismo. En cambio, hay beneficio en muchos casos con medicamentos para conductas concretas, para mejorar el sueño, disminuir los colapsos y descontroles de conducta y para otros trastornos del neurodesarrollo asociados a veces, como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

Generalmente los psiquiatras solemos acompañar a las personas autistas en su desarrollo. Eso no supone una periodicidad de consultas determinada, supone ser un profesional de referencia para la persona, a quien consultar cuando surjan dificultades en la vida y la persona sienta que no puede gestionarla.

Algunas personas con autismo necesitan seguimiento estrecho por psiquiatría y otras no. Algunas veces el seguimiento puede espaciarse o intensificarse en diferentes etapas de la vida.

El momento del diagnóstico, la adolescencia y la transición a la vida adulta suelen ser momentos que requieren más apoyo.

Los profesionales especializados, tanto en diagnóstico como en tratamiento del autismo, revisamos cada cierto tiempo las publicaciones e investigaciones publicadas en medios de prestigio, y estamos al corriente de los avances en el tratamiento.

No hay ninguna terapia ni fármaco que cure el autismo en estos momentos y, algunas de estas soluciones, pueden perjudicar la salud de las personas, por lo que nunca recomendaremos terapias que no tengan evidencia científica o que sean dañinas o invasivas para la persona.

Dicho esto, aun se desconoce mucho sobre las causas del autismo y acompañamos y asesoramos con respeto a las personas que deciden modificar hábitos o introducir algún suplemento inocuo en su rutina, sin juzgar sus decisiones y aportando nuestros conocimientos para ayudarles.

Aunque podáis sentir que hay muchas dificultades en común con las personas adultas que comparten sus síntomas de autismo, lo más recomendable es consultar con un profesional con formación y experiencia en autismo.

En ocasiones el proceso diagnóstico es sencillo, y con la información que aporta la persona y la exploración clínica se puede hacer un diagnóstico.

No obstante, en otras ocasiones son fundamentales exploraciones complementarias, como la psicometría, una entrevista con los familiares (buscando dificultades en el desarrollo), aplicación de cuestionarios de cribaje que faciliten la recogida de información fiable.

Además, recoger información escolar, por ejemplo, sobre todo porque hay algunos problemas de salud mental con síntomas en común con el autismo que pueden hacer difícil el diagnóstico si la persona no es experta.

Si estáis en contacto con la comunidad autista adulta, sabréis que muchas personas cuentan con varios diagnósticos previos, a veces asociados a su autismo, otras veces tal vez no acertados, por falta de pericia profesional o por imposibilidad de realizar esas exploraciones complementarias.

En consecuencia, como hemos dicho, lo más recomendable es ponerse en manos de personas expertas en diagnóstico de casos complejos.

Finalmente, es importante conocer si una persona presenta autismo, independientemente del grado de afectación y de las necesidades de ayuda. Y, sobre todo, es muy recomendable contar con profesionales que puedan acompañaros a lo largo de la vida para anticipar posibles dificultades y elegir opciones vitales que permitan que desarrolléis todo vuestro potencial.

Pueden ayudarte


Trastornos de Conducta Alimenticia

Trastornos de Conducta Alimenticia

Los trastornos de conducta alimentaria (TCA) recogen un conjunto de enfermedades con importantes consecuencias físicas y psicológicas para las personas que las sufren. Las diferentes patologías que se enmarcan dentro de los TCA (Anorexia, Bulimia, trastorno por atracón) tienen en común la preocupación por el peso, la imagen corporal y la dieta.

Si estás interesado en el tema, bien porque creas que lo padeces, o bien porque sospeches que alguien de tu entorno pueda presentarlo, es posible que busques consultar con algún experto en el tema. A continuación, te contamos en detalle en qué consiste este trastorno tan complejo.

Los TCA son enfermedades graves, complejas y resistentes, en los que se ven alteradas todas las áreas de la vida de la persona que los padece. Pese a lo que intuitivamente podemos imaginar, no son personas superficiales o preocupadas por su físico. Habitualmente encontramos que detrás del trastorno se esconde una pobre autoestima, inseguridad personal, miedos sociales o traumas pasados y problemas familiares.

Para su correcto abordaje se debe prestar atención a todas las áreas de la persona que se ven afectadas por la enfermedad y favorecer así, no solo el bienestar físico; sino también, el emocional.

Dada la complejidad del trastorno, sabemos que la recuperación definitiva pasa por entender en profundidad el funcionamiento del trastorno en la vida y el entorno de la persona que lo presenta. Por ello, es fundamental contar con un equipo multidisciplinar que permita, atender a los factores que están manteniendo el problema y elaborar un tratamiento específico para la recuperación de cada persona.

Revisemos los criterios diagnósticos recogidos en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, DSM-V, para los principales trastornos de alimentación.

Anorexia Nerviosa

  • Restricción de la ingesta energética en relación con las necesidades, que conlleva a un peso corporal significativamente bajo para la edad, sexo, etapa de desarrollo y salud física del paciente. Un peso significativamente bajo se define como un peso que es inferior al peso mínimo normal, y en niños y adolescentes, menor que el peso mínimo esperado.
  • Miedo intenso a aumentar de peso o engordar, o comportamiento persistente que interfiere en el aumento de peso, incluso con un peso significativamente bajo.
  • Alteración en la forma en uno mismo percibe su propio peso o constitución; influencia inapropiada del peso o la constitución corporal en la autoevaluación o falta persistente de reconocimiento de la severidad del bajo peso corporal actual.

Designación de subtipo

  • Tipo restrictivo: Durante los últimos tres meses, el paciente no ha tenido episodios recurrentes de atracones o purgas (es decir, vómitos autoinducidos o el uso indebido de laxantes, diuréticos o enemas). La pérdida de peso se logra principalmente a través de dieta, ayuno y/o ejercicio excesivo.
  • Tipo de atracones y purgas: Durante los últimos tres meses, el paciente ha presentado episodios recurrentes de atracones o purgas (vómitos autoinducidos o el mal uso de laxantes, diuréticos o enemas).

Severidad actual:
La gravedad en adultos se basa en el IMC actual (índice de masa corporal). Estos límites se establecen según las categorías dadas por la OMS para la delgadez en adultos. En niños y adolescentes se utilizan los percentiles de IMC correspondientes.

  • Bajo peso corporal levemente severo definido como un IMC de ≥17.
  • Bajo peso corporal moderadamente severo definido como un IMC de 16-16,99.
  • Bajo peso corporal severo definido como un IMC de 15-15,99.
  • Bajo peso corporal extremadamente severo definido como un IMC <15.

Bulimia Nerviosa

  • Episodios recurrentes de atracones. Un episodio de atracón se caracteriza por:
    • 1. Ingestión, en un período determinado, (p.ej; dentro de un período de dos horas) una cantidad de alimento mayor a lo que la mayoría de las personas ingerirían en un período similar en circunstancias parecidas.
    • 2. Sensación de falta de control sobre lo que se ingiere durante ese período (p.ej. sensación de que no se puede parar de comer o no se tiene control sobre lo que se ingiere).
  • Comportamientos compensatorios inapropiados recurrentes para evitar el aumento de peso, como el vómito autoinducido; uso incorrecto de laxantes, diuréticos u otros medicamentos; ayuno o ejercicio excesivo.
  • Los atracones y los comportamientos compensatorios inapropiados ocurren, en promedio, al menos una vez a la semana durante tres meses.
  • La autoevaluación se ve indebidamente influida por la constitución y el peso corporal.
  • La alteración no ocurre exclusivamente durante episodios de anorexia nerviosa.

Severidad actual:

  • Leve: un promedio de 1-3 episodios de conductas compensatorias inapropiadas por semana.
  • Moderado: un promedio de 4-7 episodios de conductas compensatorias inapropiadas por semana.
  • Severo: un promedio de 8-13 episodios de conductas compensatorias inapropiadas por semana.
  • Extremo: un promedio de 14 o más episodios de conductas compensatorias inapropiadas por semana.

Trastorno por Atracón

  • Episodios recurrentes de atracones. Un episodio de atracón se caracteriza por:
    • 1. Ingestión, en un período determinado, (p.ej; dentro de un período de dos horas) una cantidad de alimento mayor a lo que la mayoría de las personas ingerirían en un período similar en circunstancias parecidas.
    • 2. Sensación de falta de control sobre lo que se ingiere durante ese período (p.ej. sensación de que no se puede parar de comer o no se tiene control sobre lo que se ingiere).
  • Los episodios de atracones se asocian a tres (o más) de los siguientes hechos:
    • Comer mucho más rápido de lo normal.
    • Comer hasta sentirse desagradablemente lleno.
    • Comer grandes cantidades de alimentos cuando no se siente hambre físicamente.
    • Comer solo por la vergüenza que se siente ante la cantidad que se ingiere.
    • Sentirse luego a disgusto con uno mismo, deprimido o muy avergonzado.
    • Malestar intenso con respecto a los atracones.
    • Los atracones se producen, de promedio, al menos una vez a la semana durante tres meses.
    • El atracón no se asocia a la presencia recurrente de una conducta compensatoria inapropiada como en la bulimia nerviosa y no se produce exclusivamente en el curso de una bulimia o anorexia nerviosa.

Severidad actual:

  • Leve: 1-3 atracones por semana.
  • Moderado: 4-7 atracones por semana.
  • Severo: 8-13 atracones por semana.
  • Extremo: 14 o más atracones por semana.

Como podemos comprobar, los principales problemas que rodean a un TCA son la dificultad para relacionarse con la comida de manera sana, la influencia del peso o la imagen corporal en la evaluación personal y las conductas inapropiadas realizadas para intentar controlar el peso.

Si estás interesado en los trastornos de la conducta alimenticia y has leído hasta aquí, es posible que te preguntes qué factores intervienen en el desarrollo de una enfermedad tan heterogénea. Este punto es interesante, puesto que para que un tratamiento sea definitivo debe atender no solo a frenar la sintomatología actual; sino también a otros factores que se encuentran en la base de iceberg.

Así pues, habitualmente se distinguen tres categorías de factores que intervienen en el desarrollo y mantenimiento del problema.

Los factores predisponentes al trastorno de conducta alimenticia son aquellos que intervienen en la vulnerabilidad del individuo para padecer el trastorno. Dentro de esta categoría, encontramos: el contexto social (la cultura de la dieta o la asociación del éxito a cuerpos esbeltos), las dificultades familiares (familias muy exigentes y poco comunicativas emocionalmente, o familias sobreprotectoras que pueden generar dificultades en el proceso de autonomía), excesiva importancia de la imagen como valor dentro de la familia.

Además, una baja autoestima, rasgos de carácter como el perfeccionismo, la rigidez cognitiva y la exigencia están también relacionados con mayor probabilidad para desarrollar un TCA.

Aquellas situaciones de estrés que rodean la aparición del trastorno, son conocidos como factores precipitantes del trastorno de conducta alimenticia. Son todas aquellas experiencias que han precedido el inicio de la sintomatología. Habitualmente tienen que ver con situaciones en las que existe algún tipo de presión por adelgazar (tras un aumento de peso, burlas con respecto al cuerpo, comparaciones con otros miembros de la familia) y con los estresores vitales que todos conocemos (separación o divorcio, embarazo, duelo, cambios en el ciclo vital).

Por último, los factores mantenedores del trastorno de conducta alimenticia son todas aquellas conductas o pensamientos que la persona repite recurrentemente (como si de un estilo de vida se tratara) y que favorecen la perpetuación de la sintomatología. En esta categoría podemos encontrar conductas como hacer dietas, pesarse o medirse con mayor frecuencia de lo habitual, aumento de la actividad física y negando o minimizando las fluctuaciones del peso.

Es posible que, llegado a este punto, hayamos despejado algunas dudas acerca de en qué consisten los principales TCA. Sin embargo, si tienes algún familiar que lo sufre o tienes sospechas de que lo pueda presentar, seguramente habrás notado que es muy difícil señalarlo o incluso hablar del tema con él/ella. Y es que este punto en uno de los más importantes (y complicados) en el trabajo de los TCA; la baja conciencia de problema y la motivación al cambio.

Son pocos los pacientes adolescentes que llegan por motivación propia a terapia para tratar el trastorno, dado que en su inicio se vive una especie de “luna de miel”.

Pongamos un ejemplo: Cuando me propongo una meta (adelgazar) y me fijo un plan para conseguirlo (dieta) puedo sentirme bien, dado que mi atención y mi energía están orientados a un objetivo que, aparentemente, puedo conseguir (desviando así la atención de otros temas sobre los que quizá no tenga control, como el divorcio de mis padres o las burlas en el colegio).

Es posible que baje de peso y eso conlleve cierto reconocimiento social y halagos, lo que generará el firme propósito de mantenerme así y con ello se fije el miedo a subir de peso y la necesidad de mantener ciertas conductas para no volver atrás.

Sin embargo, pasado un tiempo, comienza a aparecer la “cara oculta” del TCA y las pérdidas comienzan a ser cada vez más evidentes. Es posible que la bajada de peso sea drástica y pierda el período; puedo tener cada vez mayores dificultades para concentrarme o puedo estar cada vez más aislada, ya que la mayoría de las situaciones sociales incluyen la comida y no me sienta capaz de enfrentarme a ello.

Preguntas frecuentes sobre los Trastornos de la Conducta Alimenticia

Si tienes sospechas de que algún familiar o amigo pueda sufrir un TCA es importante que intentes hablar con él, no solo con datos objetivos (cuidado, es posible que se sienta amenazado y juzgado); sino desde el malestar, la angustia y la soledad que probablemente esté sintiendo.

Que pueda entenderlo no sólo como un problema físico, sino también emocional. Acudid a profesionales específicos y asociaciones de familiares que os orienten en la búsqueda del mejor tratamiento, así como prestaros apoyo también a vosotros, ya que es un camino largo con muchos altibajos donde se requiere el trabajo de toda la familia.

Buscar ayuda especialidad y realizar un buen diagnóstico es esencial para que el tratamiento se ajuste dependiendo de la gravedad y el deterioro físico (recursos ambulatorios, hospital de día u hospitalización).

Efectivamente, el TCA no es sólo una cuestión adolescente. Aunque el grueso de la prevalencia se sitúa entre los 12 y 18 años, el TCA en adultos es frecuente, especialmente cuando se ha sufrido alguno de ellos en la adolescencia, tras un embarazo o tras un estresor vital importante.

Es posible que tras leer los criterios de cada trastorno hayas sentido que los has presentado todos en distintos momentos de tu vida. Esto es posible, ya que la sintomatología del TCA puede variar a lo largo de la vida, o incluso no cumplir todos los criterios y sentir que estás en el límite de todos ellos, esto es, lo que se conoce como el trastorno de la conducta alimentaria no especificado (TCANE).

Probablemente, este sea el mayor temor antes de iniciar un tratamiento para el TCA o incluso persuadir para su inicio. Sin embargo, no siempre tiene por qué se así. Muchas personas con TCA presentan normopeso, por lo que el tratamiento irá destinado a mantenerlo.

Solo en los casos de anorexia, donde exista un bajo peso con deterioro físico, el aumento de peso será uno de los objetivos de terapia y nunca el único.

Como venimos diciendo, los TCA son complejos, resistentes y persistentes en el tiempo. Precisamente por eso, es esencial la búsqueda de ayuda especializada a través de equipos multidisciplinares que mantengan el seguimiento a largo plazo con el fin de prevenir recaídas.

Aproximadamente un 10-20% de las pacientes cronifican, pero este dato puede prevenirse si se busca la ayuda adecuada, así como si en su intervención participa la familia de forma activa y coordinada con los especialistas.

En resumen, los TCA no son un estilo de vida, son enfermedades complejas y graves, que afectan a todas las áreas de la vida de las personas que lo sufren (e incluso a sus familias). Es por esto por lo que en su tratamiento debemos contar con equipos multidisciplinares específicos, para que el abordaje se adapte al momento de cada paciente y lo acompañe a largo plazo, evitando así futuras recaídas.

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Trastorno Bipolar

Se trata de un trastorno del ánimo con un alto componente hereditario, el cual se caracteriza por la presencia recurrente de episodios maníacos o hipomaníacos y episodios depresivos que se alternan con periodos de estabilidad anímica.

En el Trastorno Bipolar, generalmente, la oscilación del ánimo hacia el polo depresivo o hacia el maníaco, en diferentes momentos, es lo que motiva la denominación “bipolar”, aunque en cada paciente pueden predominar los episodios de un tipo u otro.

En tales casos, se habla entonces de predominio de polaridad depresiva o bien de predominio de polaridad maníaca.

Clasificación del Trastorno Bipolar

En relación con los tipos o clasificación del Trastorno Bipolar, en el caso de los episodios maníacos, se produce una exaltación del ánimo o estado de euforia, con una sensación de energía desbordante, reducción marcada de la necesidad de dormir, hiperactividad, aceleración del pensamiento y del habla.

En muchos casos, saltan de una idea a otra en su verborrea de palabras, exhibiendo -además- una autoconfianza excesiva, multitud de planes y proyectos exagerados; otras veces grandes gastos de dinero o envío desmedido de mensajes a través del teléfono o redes sociales, entre otros.

También son frecuentes las muestras de desinhibición, conductas de riesgo, actitudes extravagantes y la grandilocuencia. Aunque muchas veces se observa expansividad, jovialidad o una actitud excesivamente cercada, esto puede combinarse con labilidad emocional y una marcada irritabilidad.

Por otro lado, en algunos casos pueden aparecer síntomas psicóticos, típicamente ideas delirantes de grandeza. Finalmente, en el episodio maníaco del Trastorno Bipolar, el paciente suele carecer de conciencia sobre la perturbación de su estado mental.

En estos casos, a menudo llega a ser necesario el ingreso hospitalario, dadas las graves alteraciones de conducta que ponen en riesgo su salud y que pueden tener importante repercusión en su situación familiar, económica y laboral.

Por otro lado, existen los casos de episodios hipomaniacos del Trastorno Bipolar, los cuales se entienden como formas leves de los episodios maniacos; por tanto, existen también una elevación del ánimo, hiperactividad y aceleración del pensamiento.

Sin embargo, los síntomas son menos marcados, con un comportamiento social más funcional y sin alteraciones de conducta tan graves, ni síntomas psicóticos. Tales casos, por ende, no suelen requerir el ingreso.

En la tipología del Trastorno Bipolar, también existen los episodios depresivos. En estos, por el contrario, encontramos un estado de abatimiento, tristeza, cansancio, pérdida del interés en las cosas y de la capacidad para disfrutar, así como dificultad para llevar a cabo las actividades habituales.

Los pacientes de este tipo, muestran tendencia hacia el aislamiento, pesimismo, sentimientos de incapacidad y de culpa, además de angustia e insomnio con mucha frecuencia.

Los episodios depresivos en el trastorno bipolar pueden ser especialmente graves y asociar abandono del cuidado personal, pérdida de peso, inhibición psicomotriz, síntomas psicóticos y conductas suicidas.

Por último, en los llamados episodios mixtos del trastorno bipolar, se combinan síntomas característicos de los episodios maníacos con síntomas de los episodios depresivos; predominando la irritabilidad, la inquietud psicomotriz, oscilaciones rápidas del estado de ánimo, aceleración, ansiedad e insomnio.

Características del Trastorno Bipolar

Entre las características de este trastorno mental, destacan:

  • Se calcula que el trastorno bipolar afecta aproximadamente al 1-2% de la población, sin una diferencia significativa entre mujeres y hombres.
  • Suele debutar antes de los 30 años, aunque también hay casos de inicio más tardío.
  • Se trata de una patología que puede ser grave y que cursa de forma crónica y recurrente, causando gran discapacidad y sufrimiento, si evoluciona desfavorablemente o si no recibe un tratamiento adecuado.
  • Las descompensaciones del ánimo pueden producirse de forma espontánea, aunque también pueden precipitarse por situaciones de alto estrés o estimulación ambiental.
  • En algunos casos, existe cierta influencia estacional en las descompensaciones.
  • El trastorno bipolar cuenta con una elevada tasa de intentos de suicidio, relacionada con las secuelas que las descompensaciones tienen en la vida de los afectados y con los episodios depresivos.

¿Cómo se diagnostica el Trastorno Bipolar?

El diagnóstico del Trastorno Bipolar en Madrid es exclusivamente clínico. Se realiza, fundamentalmente, a través de la evaluación del paciente por un especialista en Psiquiatría mediante la entrevista clínica.

Durante el diagnóstico, además, deben tenerse en cuenta los antecedentes médicos y, en ocasiones, puede ser conveniente la solicitud de algunas pruebas complementarias para descartar otros problemas.

Los casos de trastorno bipolar en estados maniacos o depresivos pueden ser diagnosticados durante los episodios activos, debido a los signos observados en la exploración, los cuales pueden resultar evidentes; más allá de la sintomatología descrita por el paciente o la información aportada por los familiares.

En muchos casos, cuando nos encontramos ante un episodio depresivo, lo fundamental es recoger la historia previa, indagando sobre los posibles episodios pasados de tipo maníaco o hipomaníaco.

Pero, además, es importante también preguntar por los antecedentes familiares; ya que en un porcentaje significativo de pacientes con trastorno bipolar, encontramos más casos de bipolaridad en la familia.

Por otro lado, a la hora de sospechar un trastorno bipolar en un paciente que presenta un episodio depresivo, se tienen también en cuenta la precocidad (menos de 20 años), la aparición de euforia tras iniciar un fármaco antidepresivo o el debut de la depresión en mujeres tras el parto.

Vale destacar que el diagnóstico es complejo; por lo que a menudo pasan años desde que se produce el debut o el paciente solicita ayuda por primera vez, hasta que se establece el diagnóstico de trastorno bipolar.

En otras ocasiones, surgen dudas con respecto al papel que los rasgos de personalidad puedan tener sobre las oscilaciones del ánimo (por ejemplo, en el Trastorno Límite de Personalidad).

Al mismo tiempo, puede resultar difícil realizar el diagnóstico diferencial con otros trastornos psiquiátricos, más aun cuando la presencia de síntomas psicóticos es prominente.

Es importante, no confundir un trastorno bipolar con los cambios bruscos de humor o de actitud relacionados con el carácter, tampoco con las oscilaciones normales del ánimo.

De hecho, según algunos autores, podemos diferenciar entre el trastorno bipolar, tipo I y el tipo II. Para diagnosticar el tipo I, ha de haberse producido algún episodio maníaco, que puede alternarse o no con episodios depresivos o hipomaníacos.

En tanto, para el diagnóstico del trastorno bipolar tipo II, tienen que haberse producido episodios depresivos y al menos, un episodio hipomaníaco (sin llegar al extremo de la manía).

Por último, se denomina ciclotimia a la alternancia de numerosas fases de hipomanía con otras depresivas de intensidad leve-moderada, con escasos periodos de estabilidad anímica.

Tratamientos del Trastorno Bipolar

Debido a su complejidad y potencial gravedad, así como por su naturaleza recurrente, el trastorno bipolar precisa un seguimiento estrecho y continuado por un Psiquiatra.

Con un tratamiento del Trastorno Bipolar adecuado, sobre todo si se inicia tempranamente, el pronóstico puede mejorar mucho y permitir una excelente calidad de vida.

Los episodios maníacos y los episodios depresivos graves pueden requerir el tratamiento en medio hospitalario, para garantizar una supervisión estrecha cuando asocian alteraciones de conducta graves o riesgo de suicidio.

Cabe destacar que el tratamiento del trastorno bipolar, es uno de los más complejos entre los trastornos psiquiátricos. Su objetivo principal es el mantenimiento prolongado de la estabilidad anímica (eutimia), ya que reducir al mínimo el número de descompensaciones se relaciona con una mejor evolución a largo plazo, un menor deterioro y un mejor funcionamiento social y laboral.

Por otro lado, en la base del tratamiento farmacológico están los estabilizadores del ánimo, cuya función es la prevención de nuevos episodios maníacos, hipomaníacos y depresivos. El litio sigue considerándose el tratamiento más eficaz, sobre todo en los pacientes que presentan episodios maniacos.

Aunque su manejo plantea una serie de dificultades y hace necesarias analíticas de control, se trata de un fármaco seguro, si se emplea con supervisión. También son muy utilizados como estabilizadores los fármacos antiepilépticos, como el ácido valproico o la lamotrigina.

En algunos casos, se utiliza más de un estabilizador si la respuesta ha sido insuficiente. Por otro lado, es frecuente el uso de fármacos antipsicóticos, bien para potenciar el efecto estabilizador o para el control del insomnio.

Para el tratamiento de los episodios maníacos e hipomaníacos se usan habitualmente fármacos antipsicóticos hasta que se logra estabilizar el ánimo.

Por su parte, el tratamiento de la depresión bipolar, resulta más complejo. Los antidepresivos no suelen ser efectivos y además pueden provocar un viraje hacia la manía; por lo que, en general, deben evitarse en personas con trastorno bipolar.

En estos casos, suele ser fundamental también realizar en consulta una intervención psicoeducativa con el paciente y su familia, de cara a la prevención de las descompensaciones, la minimización de riesgos y la detección precoz de las descompensaciones.

Además, monitorear el correcto cumplimiento del tratamiento y el establecimiento de unos hábitos básicos de salud, como el mantenimiento de un ritmo de sueño regular, la abstinencia del consumo de tóxicos o la actuación ante situaciones de estrés.

Por último, la psicoterapia es útil en las fases depresivas; pero también resulta de gran utilidad cuando existen dificultades especiales para adaptarse a la situación, o cuando hay otros problemas psicológicos añadidos. Su objetivo es favorecer la estabilidad emocional y, por tanto, ayudar en la prevención de las descompensaciones del ánimo.

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Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC)

Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC)

“Cerré la puerta con llave, avancé dos pasos y di la vuelta para comprobar si la había cerrado correctamente. Así, doce veces”
“A veces miro a la ventana y pienso en tirarme, aunque la verdad es que yo no quiero morirme”
“Necesito lavarme las manos durante 10 minutos porque presiento que, de lo contrario, podría ocurrir algo malo a alguien de mi familia”

Si estas situaciones te suceden puntualmente cada mucho tiempo, no habría de qué preocuparse. Sin embargo, si estas secuencias se convierten en algo recurrente, podríamos estar ante un caso de un Trastorno obsesivo compulsivo, conocido por sus siglas como TOC.

¿Qué es TOC?

El Trastorno obsesivo compulsivo (TOC) se caracteriza por un patrón de pensamientos no deseados (obsesiones) que generan ansiedad y dar lugar a comportamientos repetitivos (compulsiones). Cuando este mecanismo está tan presente en el día a día, tanto que llega a interferir en él generando un malestar elevado y sufrimiento, podremos hablar de este trastorno.

En la actualidad, se estima que alrededor del 1,5% de las personas lo padezcan y que, alrededor de un 30% de la población, haya tenido obsesiones o compulsiones a lo largo de su vida.

Síntomas del TOC

Los primeros síntomas del Trastorno obsesivo compulsivo (TOC) suelen aparecer alrededor de los 18 años, aunque también es muy común observar rasgos en la infancia.

En muchos casos las personas descubren que ésta es una buena estrategia para afrontar su malestar (por ejemplo, cuando estoy nervioso limpio u ordeno la casa, etc.).

De esta manera, se aprende a calmar el malestar, aunque ésta forma no sea la ideal, ya que cuanto más se deja llevar por la necesidad de realizar una determinada conducta, más cuesta dejar de realizarla.

Algunos de los síntomas del TOC son los siguientes:

  • Obsesiones. Se trata de pensamientos o imágenes intrusivas, es decir, no deseadas, que generan ansiedad y/o sufrimiento. Además en muchas ocasiones se puede clasificar en temáticas frecuentes:
    • Miedo a contaminarse, a la suciedad
    • Pensamientos “censurados” es decir, pensamientos que valoramos como graves o indebidos, normalmente relacionados con temática sexual, religiosa o delictiva
    • Necesidad de control y simetría en el entorno
    • Dudas acerca de situaciones de la vida que pueden parecer razonables: quiero o no a mi pareja? Debería dejar mi trabajo? Este síntoma será de alguna enfermedad grave?
  • Compulsiones. Por el contrario, las compulsiones son aquellas conductas que llevo a cabo para mitigar (al menos momentáneamente) el malestar producido por la obsesión. En ocasiones, se presentan como comportamientos repetitivos, en los que sientes la necesidad de hacer y que, de no hacerlos, el malestar aumenta o incluso sientes que algo malo podría suceder. Al igual que sucede con las obsesiones, las compulsiones también pueden organizarse por temáticas:
    • Realizar comprobaciones (ej. ¿He cerrado el gas?)
    • Lavado: lavarme las manos de una determinada manera y un número concreto de veces
    • Colocar los objetos en un orden preciso
    • Hacer algún tipo de ritual mental: rezar, contar, repetir una frase, etc.

Cuándo “las manías” se convierten en un problema

En algún momento de su vida, la mayor parte de la población ha experimentado algún tipo de obsesión o compulsión, manteniéndose esta incluso a lo largo del tiempo; sin dar lugar a mayores a problemas, es decir, son funcionales.

Sin embargo, en algunas ocasiones los síntomas del TOC pueden agravarse de forma progresiva, empeorando cuando en la vida de la persona surgen acontecimientos estresantes, por ejemplo: pérdidas, procesos migratorios, rupturas, etc.

Cuando esto sucede, el malestar aumenta y, podríamos decir, que dejan de ser conductas funcionales y pasan a ser desadaptativas, evolucionando en ocasiones en trastorno, es decir, un problema que atender.

Preguntas frecuentes sobre el Trastorno obsesivo compulsivo

Las causas del TOC pueden tener origen en múltiples factores, entre ellos:

  • Genéticos
  • Neuroquímicos
  • Ambientales

Más allá de los aspectos orgánicos, se sabe que las variables que correlacionan con aspectos ambientales, muchas veces están relacionados con estilos de crianza, pudiendo existir dos patrones muy diferentes:

  • Por un lado, cuando han sido muy restrictivos y con mucha exigencia
  • o bien ha existido mucho descontrol.

En el primer caso, los niños desarrollarán el perfeccionismo, como estrategia para obtener reconocimiento y poder desarrollarse; mientras, en el segundo utilizarán el control para construir de manera interna el orden y la estructura que fuera, no existe.

Para garantizar el mejor tratamiento del Trastorno Obsesivo Compulsivo en Madrid, es imprescindible realizar una adecuada valoración del caso, la cual debe ser efectuada por especialistas.

En tal caso, el equipo médico especializado de Consulta Velázquez, valorarán la opción más pertinente en cada caso concreto, pudiendo aplicar entre ellos:

  • Tratamiento farmacológico: pautado por un médico psiquiatra, previa evaluación. Normalmente se pautarán fármacos antidepresivos que deberán mantenerse durante un mínimo de varios meses.
  • Tratamiento psicoterapéutico: Existe evidencia científica sobre la efectividad de la psicoterapia en casos de TOC. El tratamiento más habitualmente utilizado es la exposición, con prevención de respuesta. Lo importante en este caso será valorar el enfoque más adecuado para el abordaje del caso. La terapia psicológica ha demostrado ser de gran valor para alcanzar un mejor pronóstico a medio y largo plazo.
  • Tratamiento combinado: La combinación del tratamiento farmacológico, junto con la psicoterapia, suele ser la forma de intervención más efectiva.

Hay casos en los que el tratamiento farmacológico y la psicoterapia pueden ser insuficientes para controlar la sintomatología del TOC.

Por tanto, estos pacientes pueden beneficiarse de otros tratamientos disponibles en Consulta Velázquez, como es la Estimulación Magnética Transcraneal aplicada en casos de TOC en Madrid.


Tratamiento de la Depresión

Tratamiento de la Depresión

La depresión es un trastorno del ánimo por el que se sufre una transformación dolorosa, un oscurecimiento, de la experiencia habitual. Se caracteriza por un ánimo bajo, disminución de la vitalidad, pérdida del interés en las cosas y de la capacidad para disfrutar, dificultad para iniciar y llevar a cabo las actividades habituales.

Si te interesa este tema, es probable, que tú o alguien de tu entorno presenten signos o síntomas depresivos, por lo que tienes interés en consultar con algún experto en el tema.

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¿Cuáles son los síntomas de la depresión?

Los síntomas de la depresión son varios y diversos. En primer lugar, la persona deprimida suele sentirse desconectada de los demás y tiende al aislamiento y la evitación del contacto social.

Con mucha frecuencia, el desánimo se acompaña de ansiedad, insomnio, sensación de cansancio, dificultades de atención y concentración, falta de apetito y pérdida de peso. En muchos casos, además, existe pesimismo, sentimientos de inseguridad, de inutilidad y de culpa; así como de ser una carga para el entorno familiar. Como es lógico, la presentación en cada caso es variable, pudiendo predominar unos u otros síntomas, en ocasiones destacando la angustia.

Por otro lado, la gravedad del cuadro depresivo determinará en buena parte sus características. Sea como sea, la depresión conlleva siempre un elevado sufrimiento, que puede llevar a la desesperanza y las ideas de suicidio, especialmente en los casos graves.

Vale destacar que, aunque la tristeza es habitual en la depresión, no son sinónimos, ya que la tristeza que aparece ante las situaciones cotidianas, o la insatisfacción, no se pueden calificar sin más de “depresión”.

De la misma manera, el duelo normal ante la pérdida de un ser querido tampoco constituye una depresión (un caso diferente es el del duelo patológico, que sí precisa una intervención terapéutica). Por ello, resulta necesaria la evaluación por parte de un especialista que decida la necesidad o no de tratamiento.

Se calcula que entre un 8% y un 15% de las personas sufre al menos un episodio depresivo a lo largo de su vida. Esta elevada prevalencia junto a la gran discapacidad que provoca hace que sea un problema destacado de salud pública.

La depresión puede interferir seriamente en la actividad diaria, tanto en el ámbito académico como laboral, en ocasiones dificultando incluso la realización de las tareas más sencillas, ante las que con frecuencia el paciente deprimido describe una sensación de “bloqueo” o incapacidad.

Los efectos de la depresión pueden ser devastadores, tanto en quien la sufre directamente como en su entorno familiar, siendo el suicidio el desenlace más trágico.

Las causas de la depresión

Existen diversas causas de la depresión, derivados de diferentes factores, ya sean neurobiológicos, psicológicos o ambientales, cuyo peso en cada caso es complicado estimar y que de cualquier modo están interrelacionados.

En ocasiones encontramos más casos de depresión en la familia, pero esto no es necesario. En algunos casos no se puede identificar ningún desencadenante, como si el episodio depresivo se hubiera desencadenado espontáneamente, por lo que clásicamente se ha denominado “depresión endógena”.

Se considera que este tipo de depresión tiene un mayor componente genético-neurobiológico y suele repetirse varias veces a lo largo de la vida del paciente.

Cuando un cuadro depresivo está muy vinculado a una situación o acontecimiento concretos, suele hablarse de “trastornos de adaptación”. La exposición prolongada a una situación estresante puede desencadenar este tipo de episodios.

Con mucha frecuencia se trata de problemas laborales, pero también familiares, económicos o pérdida; en otras ocasiones se trata del padecimiento de una enfermedad graves.

Asimismo, se ha podido observar como algunos cambios de etapa vital, como por ejemplo el momento de la jubilación, pueden dar lugar a auténticos episodios depresivos.

Esto parece tener relación con la dificultad para asumir un nuevo rol, el cual se vive como una pérdida traumática del sentido o proyecto y de la posición en la vida.

De forma menos específica, la sintomatología depresiva puede aparecer en una amplia variedad de situaciones: consumo de tóxicos (con mucha frecuencia el abuso de alcohol), por influencia hormonal (trastornos endocrinológicos, síndrome disfórico premenstrual) o asociada a ciertas enfermedades neurológicas (enfermedad de Parkinson, demencias).

De igual manera, la depresión es asociada a otras patologías psiquiátricas y a los trastornos de personalidad. No hay que olvidar que un episodio depresivo puede ser la fase de un trastorno bipolar, por lo que que es fundamental llevar a cabo un diagnóstico diferencial que tenga en cuenta posibles episodios previos y los antecedentes familiares.

Tipos de depresión

Según la gravedad del episodio, existen diversos tipos de depresión; según los cuales se puede clasificar:

  • Depresión leve
  • Depresión moderada
  • Depresión grave

En un pequeño porcentaje de los episodios graves de depresión pueden llegar a aparecer ideas delirantes de ruina, decadencia, incapacidad o culpa, así como enlentecimiento (inhibición psicomotriz) o una preocupación excesiva acerca de molestias corporales. Este tipo de cuadro se denomina depresión psicótica, tiene elevado riesgo de suicidio y suele obligar al ingreso hospitalario.

En cuanto a la duración, hablamos de episodio depresivo cuando este tiene una duración limitada. Cuando se produce la aparición de episodios repetidos de depresión, hablamos de un trastorno depresivo recurrente.

Por el contrario, denominamos distimia, trastorno depresivo persistente o depresión crónica aquellos casos en los que los síntomas depresivos se prolongan durante muchos años. Se considera que en la distimia están más implicados los rasgos de personalidad que en otros cuadros depresivos. Suelen asociar sintomatología ansiosa, igualmente persistente.

Un caso especial es el de la depresión postparto. Aunque en muchas mujeres pueden aparecer síntomas depresivos leves y de corta duración tras el parto, en un número más reducido de casos pueden llegar a desencadenarse episodios depresivos moderados o graves, los cuales requieren tratamiento.

Por último, la depresión en niños y adolescentes puede tener características diferentes, destacando el empeoramiento del rendimiento escolar, los problemas de conducta y la irritabilidad. En tanto, la depresión en ancianos, que suelen ser más frecuente, pueden predominar las molestias corporales, quejas de disminución de la memoria y agitación.

Preguntas frecuentes sobre la depresión

El diagnóstico de la depresión es clínico, es decir, se realiza mediante la entrevista entre el paciente y el especialista en psiquiatría o psicología clínica que, a través de una exploración por medio de preguntas y de la observación, recogen los síntomas del paciente y establecen el diagnóstico.

En todos los casos, la aportación de información complementaria por la familia es útil para el especialista. En tanto, las pruebas complementarias (analítica, radiología) sólo son necesarias cuando conviene descartar o se sospecha una posible causa orgánica de la sintomatología depresiva, en función de la edad del paciente y de otros síntomas acompañantes.

El tratamiento de la depresión en Madrid es siempre individualizado. En general, los episodios depresivos leves y reactivos se benefician de un tratamiento psicoterapéutico, mientras que aquellos de mayor intensidad (moderados-graves) suelen precisar, además, un tratamiento farmacológico.

Aun cuando se decida pautar medicación, su combinación con la psicoterapia suele ser la opción más efectiva. La variedad de psicoterapias es muy amplia, y tratamientos de orientaciones terapéuticas diferentes pueden obtener buenos resultados.

En cualquier caso el vínculo entre el paciente y el terapeuta es siempre clave para el proceso. Por otro lado, en cuanto al tratamiento farmacológico, lo más habitual es el empleo de fármacos antidepresivos.

Actualmente, los fármacos para la depresión más usados son los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) y los ISRN (inhibidores de la recaptación de serotonina y noradranalina), por su seguridad y buena tolerancia.

Estos fármacos, aunque se denominan comúnmente “antidepresivos”, son también el tratamiento básico de los trastornos de ansiedad.

El objetivo es siempre el uso de la menor dosis efectiva del fármaco, de forma que se consiga el efecto buscado sin la presencia de efectos secundarios.

En ocasiones se combinan con otros fármacos para control de la ansiedad, el insomnio u otros síntomas acompañante de la depresión.

Algunos casos de depresión grave se muestran refractarios a los diferentes tratamientos farmacológicos. Estas depresiones resistentes pueden llegar a necesitar la administración de terapia electroconvulsiva en un medio hospitalario bajo anestesia general.

Por otro lado, una alternativa más moderna y menos invasiva es el uso de estimulación magnética transcraneal en casos de depresión, que ha mostrado algunos resultados prometedores.

Aunque la depresión plantea a menudo una gran complejidad, un tratamiento adecuado puede mejorar drásticamente el pronóstico del trastorno depresivo y permitir la recuperación del funcionamiento previo.

En general, la duración del tratamiento de la depresión es variable, desde varios meses en el caso de un episodio depresivo aislado; hasta su empleo como tratamiento de mantenimiento, cuando se trata de episodios depresivos recurrentes o graves.

Una proporción de casos mejora con el tratamiento inicial, aunque el efecto no es inmediato (puede tardar entre 2 y 4 semanas) y, con frecuencia, son necesarios varios ajustes hasta que se alcanza la respuesta deseada.


La Elección de Pareja

Elección de pareja

La Elección de Pareja

Inés Bárcenas Taland

¿Por qué fallas más que una escopeta de feria eligiendo pareja?
Hoy vamos a hablar de por qué hay gente que parece predestinada a que todas sus parejas les salgan rana. Si tienes la sensación de que tus relaciones de pareja acaban siempre en drama, entonces puede haber un problema psicológico más profundo.

Elección de pareja inconsciente

La elección de pareja no es algo casual ni fortuito, hay elementos inconscientes que nos predisponen a elegir a una pareja y no a otra. A esto lo llamamos la elección de pareja inconsciente:

‘En nuestra cabeza viven muchas personitas’ y hay veces que no es tu yo adulto y maduro el que va al volante a la hora de elegir pareja, sino que son tus heridas infantiles las que lo hacen por ti.

Razones por las que podemos estar eligiendo a la persona equivocada:

1.- ESTAR CON ALGUIEN POR NECESIDAD (el mejor caldo de cultivo para una relación dependiente):

  • El mito de la media naranja: estar con alguien para completar aquello que nos falta.
  • Miedo a que ‘se nos pase el arroz’, aceptar cualquier relación, por mala que sea, con tal de sentir que uno no se queda atrás.
  • Baja autoestima: creencias sobre nosotros mismos que son totalmente erróneas y autodestructivas. Estas creencias suelen ser de este tipo: “Me quedo con esta persona porque voy a encontrar a nadie más”, “No tengo nada bueno que ofrecer, y nadie se va a fijar en mí”.

2.- NO BUSCAMOS LO BUENO SINO LO FAMILIAR (éste es el hit psicoanalítico a la hora de buscar pareja):
Nuestra historia personal y emocional predispone de quien nos enamoramos: el ser humano es un animal de costumbres. La manera en la que se desarrollaron nuestras relaciones en una edad temprana nos sirve de guía para satisfacer nuestras necesidades afectivas en la vida adulta.

Teoría del Apego

Esta tendencia es explicada en la teoría del apego, desarrollada por el psicoanalista inglés John Bowlby en la década de 1950, en la que afirma que los seres humanos seguimos en la edad adulta los patrones de relación que aprendimos en la infancia.

Traumas relacionales de la Infancia

Hasta aquí, este fenómeno no debería acarrear problemas, si partimos de que nuestras relaciones con nuestros familiares fueron positivas, satisfactorias y sanas.

No obstante, en muchas ocasiones el amor de la niñez también está permeado por peleas entre nuestros padres, sensaciones de no ser suficientemente buenos, amor por un progenitor ausente o intrusivo, o miedo a mostrar nuestras emociones frente a las personas que nos quieren.

El inconsciente quiere cambiar la historia

Emparejarnos repetidamente con personas que nos hacen revivir las carencias que vivimos en nuestra infancia o adolescencia es un fenómeno frecuente, y se explica porque inconscientemente tratamos de solucionar esas carencias afectivas del pasado en nuestras nuevas relaciones.

Tendemos a tropezar con la misma piedra para cambiar el curso de nuestra historia, en inglés incluso han creado un concepto para esta dinámica, lo llaman ‘mastering the trauma’.

¿Cómo aprender a elegir conscientemente a una pareja?

Nadie nos enseña a escoger bien a nuestra pareja y es algo que contribuye a que acabemos como el rosario de la aurora en nuestras relaciones.

  • Detectar el patrón relacional que seguimos a la hora de emparejarnos: busco a personas que no están disponibles, busco a personas a las que cuidar o curar, busco a personas autoritarias que me coartan la libertad, etc.
  • Reflexiona sobre tus relaciones en la infancia para ver dónde puede estar el trauma que tratas de solucionar.
  • Ampliar horizontes relacionales: descubrir que hay personas interesantes que salen de “los patrones en que te sueles fijar” y que te pueden aportar muchas cosas. Ampliar el tipo de persona en la que te sueles fijar, tanto a nivel físico como a nivel personal.
  • Despacito: no te embales a la hora de conocer a la persona te ayudará a no idealizarla de golpe y a no proyectar en ella todos tus anhelos inconscientes.

Psicóloga General

Especialista en Psicología

Idiomas | Español e Inglés
Atención | Presencial y Online

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