La práctica del mindfulness y la meditación ha cobrado en los últimos años un notable protagonismo, pasando así a ser herramientas de primera elección para el manejo del estrés y el fomento del bienestar emocional. En este artículo analizaremos cómo estas prácticas pueden influir positivamente en nuestra salud mental, al ofrecer un camino accesible y (relativamente) sencillo para mejorar nuestra calidad de vida.

¿Qué es el Mindfulness?

El Mindfulness, también conocido como la práctica de la atención plena, es una práctica que implica mantener una conciencia plena del momento actual, observando nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones corporales y el ambiente que nos rodea de una manera acrítica, sin juzgar. De esta manera, mantenemos una mirada reflexiva sobre nuestra propia experiencia dejando de lado cualquier opinión negativa o juicio de valor, al entender que gran parte de esa actividad mental surge de forma espontánea y es ajena a nuestro control voluntario (al no estar bajo nuestro control no hay responsabilidad y al no haber responsabilidad no hay culpa, lo que en última instancia abre las puertas a la mera aceptación, a aceptarnos como somos). Originario de las tradiciones budistas, el mindfulness se ha adaptado y popularizado en el mundo occidental como una técnica efectiva para reducir el sufrimiento emocional.

La meditación y su papel en la salud mental

La meditación es una práctica milenaria que implica el uso de técnicas específicas para entrenar la mente y alcanzar un estado de claridad mental, concentración y tranquilidad emocional. Aunque sus raíces se encuentran en las tradiciones espirituales y religiosas, como el budismo y el hinduismo, en las últimas décadas ha sido adoptada globalmente como una herramienta secular para mejorar la salud mental y el bienestar general.

¿Cómo influyen el Mindfulness y la Meditación en la Salud Mental?

Reducción del Estrés

Numerosos estudios han demostrado que la práctica regular del mindfulness y la meditación reduce significativamente los niveles de ansiedad y estrés. Desde una perspectiva neurobiológica, esto se debe a que estas prácticas ayudan a disminuir la actividad en la amígdala, la parte del cerebro responsable de procesar las emociones relacionadas con el estrés. Desde una mirada más psicológica, estas técnicas fomentan la aceptación de la realidad tal y como se manifiesta y nos ayudan a entender que nuestro sufrimiento se origina en nuestro deseo y en nuestra resistencia a aceptar una realidad que, a pesar de que no nos gusta, se impone con firmeza.

Mejora del sufrimiento emocional

Una práctica regular de la meditación y el Mindfulness puede ayudarnos a tomar distancia de pensamientos negativos o preocupantes, adoptando una perspectiva más equilibrada y menos reactiva ante las dificultades emocionales. Con frecuencia nuestro pensamiento se ancla en el pasado en forma de culpa, lamentándonos por lo que podría haber sido y no fue. También se vuelca hacia el futuro anticipando infinidad de problemas que nunca ocurrirán. Así, con demasiada frecuencia, olvidamos permanecer en el presente, que es lo único que tenemos…

Aumento de la autoconciencia y la autocomprensión

Al fomentar una mayor conciencia del momento presente, el Mindfulness nos permite conocernos mejor a nosotros mismos, identificando patrones de pensamiento y comportamientos automatizados que contribuyen a mantener estados emocionales negativos. Nos ayuda también a entender que somos producto de nuestras circunstancias vitales, fomentando una mayor capacidad para la autocompasión. Esta mayor autocomprensión es fundamental para el desarrollo de estrategias más saludables de manejo emocional.

Mejora de la Concentración, la Atención y la Memoria

La práctica de la meditación se asocia con una mejoría en capacidades cognitivas como la concentración y la memoria. Según algunos estudios, esto puede ser debido a que la meditación parece aumentar la densidad de la materia gris en determinadas áreas del cerebro.

Desarrollo de la Resiliencia

Al favorecer nuestra capacidad de aceptación de la realidad (por fea que se ponga), no solo ayudan a manejar mejor el estrés y las emociones negativas. También potencian la resiliencia emocional, la capacidad que tenemos para reponernos ante los golpes y los reveses de la vida. Al adoptar una actitud libre de juicios negativos, potenciamos nuestra capacidad para enfrentar los desafíos de la vida con mayor serenidad y equilibrio.

¿Cómo incorporamos el mindfulness y la meditación en nuestra vida diaria?

La falta de tiempo y el desconocimiento acerca de los recursos para practicar la meditación suelen ser las principales trabas que encontramos para iniciarnos en el mundo de la meditación. Sin embargo, existen formas sencillas de dar el primer paso:

Meditación Guiada: Utiliza aplicaciones o grabaciones de meditación guiada para facilitar tu práctica. Puedes encontrar muchas aplicaciones a un precio asequible en internet.

Prácticas Breves de Atención Plena: En este mundo en el que vivimos, a todos nos falta el tiempo. Sin embargo, si te lo curras un poco encontrarás 10 minutos que dedicarle a la meditación. Una vez que empieces con ello, será tan sencillo como dredica unos minutos al día a observar tu respiración o a realizar una actividad cotidiana de manera consciente, como comer o caminar

Cursos y Talleres: ¡Recomendamos muchísimo a Antonio Sanz! (into-mindfulness.com)

En definitiva, la meditación y el mindfulness ofrecen un interesante camino hacia una mejor salud mental, proporcionando herramientas prácticas y relativamente sencillas para enfrentar el malestar emocional. Al fomentar una mayor conciencia del momento presente y una actitud de aceptación ante una realidad que se impone, estas prácticas pueden mejorar nuestra relación con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea, abriendo el camino hacia una existencia más satisfactoria. Pero ya está bien de hablar. Descúbrelo por ti mismo…

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