Adicción, enfermedad y libertad

Equipo médico CV
Homeless Adult Woman Smoking Cigarette Addiction

En contra de lo que muchos piensan, una adicción no implica consumir grandes cantidades o estar todo el día consumiendo. De hecho, algunos adictos consumen muy poco o con muy poca frecuencia. Sin embargo, siguen siendo adictos. ¿Qué implica esto de la adicción?

 

A grandes rasgos, el adicto es una persona que preferiría no consumir algo (o hacerlo en menor cantidad), pero lo sigue haciendo una y otra vez. Normalmente es consciente de ciertas consecuencias negativas del consumo (de cualquier tipo, ya sean físicas, académicas, laborales, familiares, de pareja…) y, por este motivo, se plantea dejar de consumir o hacerlo en menor cantidad. 

Es frecuente que en el momento de consumir ya se sienta uno culpable, pero a pesar de esto no puede dejar de hacerlo (como cuando abrimos un paquete de galletas y empezamos a dar cuenta de ellas). Aunque nos habíamos planteado comernos solamente un par, acabamos comiéndonos la caja entera (fenómeno conocido como priming). 

Después aparecen la culpa y el remordimiento, pues ya nos sobran unos kilos, tenemos problemas de colesterol y nos habíamos prometido a nosotros mismos no volver a hacerlo (además, sabemos que nuestra pareja nos va a volver a regañar). 

Así pues, nos proponemos (otra vez) no volver a hacerlo. Sin embargo, al cabo de un tiempo (muy variable, pueden ser horas, días o semanas) me veo nuevamente perdiendo el control. 

En ese momento casi hasta nos olvidamos de todas las consecuencias negativas que el consumo ha tenido hasta la fecha y el ansia por consumir la sustancia ocupa casi todo nuestro espacio mental. Aparece un fuerte deseo de consumo y tengo la sensación de que este malestar nunca se me pasará si no consumo inmediatamente (esto es lo que técnicamente llamamos craving). Y vuelta a empezar…

 

Así pues, uno puede ser adicto y consumir poca cantidad con poca frecuencia. Lo importante es que siempre se mantiene la misma estructura: me propongo no hacerlo o hacerlo menos, porque sé que me genera algún problema, pero se vuelve a repetir la misma situación una y otra vez. En este sentido la adicción es una enfermedad: pierdo libertad para no consumir.

 

¿Por qué, si me propongo no hacerlo, vuelve a suceder una y otra vez? 

Es cierto que muchos adictos realmente desean dejar de consumir (véanse los millones de fumadores que quieren librarse del tabaco y los millones de personas que no dejan de consumir hidratos de carbono de absorción rápida a pesar de sus problemas de salud). ¿Por qué sucede esto? 

Vemos que no todas las sustancias (o conductas) son adictivas. ¿Qué tienen esas sustancias (y estas conductas)? 

No se trata solamente de que nos gusten (me encantan los puerros confitados, pero tengo libertad para dejar de comérmelos). A grandes rasgos, se trata de lo siguiente: las sustancias (y conductas) adictivas aumentan la dopamina en un lugar del cerebro llamado Núcleo Accumbens (NA). 

Cold Adult Man Walk Hopeless Up the Ramp

Sustancias y conductas adictivas

 

¿Y esto qué quiere decir?

 

A lo largo de millones de años de evolución el cerebro de la mayor parte de los seres vivos desarrolló un pequeño artilugio destinado a repetir todas aquellas conductas que habían demostrado suponer una ventaja evolutiva (básicamente comer, beber, tener sexo y las relaciones sociales). 

Todas estas conductas contribuyen a la supervivencia del individuo y de la especie. Recordemos que el ser humano (al igual que el resto de animales) no evolucionó para vivir en grandes urbes, sino como cazadores-recolectores nómadas en estepas y llanuras. El agua y la comida no abundaban. Los grupos de amigos tampoco.

 

Pues bien, cada vez que comemos, bebemos, tenemos sexo o estamos con nuestros amigos se libera dopamina en el NA. Esto hace que nuestro estado cerebral quede grabado a fuego. Es como si se sacase una foto de mi estado mental (con quién estoy, dónde estoy, cómo me siento, el color del cielo, la época del año, etc.) para que en un futuro regrese a ese mismo estado, de forma que acabaré en el mismo sitio, con las mismas personas, en la misma época del año, con el mismo estado emocional, etc. 

Así aumentará las probabilidades de volver a encontrar agua, comida, sexo o amigos, lo que supondrá una mayor probabilidad de que sobreviva y me reproduzca. Es importante tener en cuenta que este proceso es en gran medida automático e inconsciente. 

Esto significa que mi cerebro controla gran parte de mi conducta sin que yo sepa que lo está haciendo (en efecto, el ser humano cree ser mucho más libre de lo que en realidad es).

 

Pues bien, hay determinadas sustancias que aumentan (muchísimo) la dopamina en el NA y no aumentan nuestra supervivencia (efectivamente, se trata de la nicotina, el alcohol, la cocaína, la heroína, el cannabis, etc.). 

Al principio me gusta consumirlas. 

Cada vez que consumo se libera (mucha) dopamina en el NA y esto me llevará a regresar al mismo estado mental en el que estoy cuando consumo (mismas personas, mismos lugares, mismas emociones, misma forma de pensar…). De esta manera la adicción va echando raíces por mis hábitos y me lleva a hacerlos cada vez más rígidos. 

Hago siempre lo mismo, quedo con las mismas personas, voy a los mismos sitios, se repiten mis esquemas emocionales y de pensamiento. Al mismo tiempo, abandono los hábitos previos que estaban vinculados a un estilo de vida más sano (aquellos relacionados con el ejercicio, las aficiones, la familia, la pareja, el trabajo…). 

En este sentido la adicción supone una enfermedad: me quedo atascado en unos hábitos rigidificados de los que no sé escapar y que aumentan las probabilidades de repetir una conducta que mi cerebro cree (muy equivocadamente) que aumenta mi supervivencia y la de la especie. 

Cuando me quedo atascado en los hábitos vinculados al consumo, lo normal es que acabe consumiendo una y otra vez. Aunque no quiera.

 

Desde este punto de vista, el tratamiento de las adicciones implica necesariamente un viaje de transformación personal. 

  • Debo erradicar los hábitos rígidos vinculados al consumo, pues mientras no lo haga el riesgo de volver a consumir es muy alto. 
  • Debo dejar de ver a determinadas personas y de ir a ciertos sitios. 
  • Debo arrasar con los viejos hábitos y así dejar espacio para crear otros nuevos que no estén asociados al consumo. 

En el fondo es la vieja idea de derribar un edificio inestable para poder construir otro con cimientos más sólidos. Asimismo, es fundamental aprender a pensar de otra manera y, lo más importante, aprender a gestionar mis emociones de otra manera. 

Esto no se logra en pocas semanas y no hay fármaco alguno capaz de hacerlo por nosotros. El mejor lugar para llevar a cabo este viaje de transformación personal es, sin duda alguna, la terapia grupal. 

Terapia, terapia y más terapia…