Trastorno de Conducta Alimenticia

Los trastornos de conducta alimentaria (TCA) recogen un conjunto de enfermedades con importantes consecuencias físicas y psicológicas para las personas que las sufren. Las diferentes patologías que se enmarcan dentro de los TCA (Anorexia, Bulimia, trastorno por atracón) tienen en común la preocupación por el peso, la imagen corporal y la dieta.

Si estás interesado en el tema, bien porque creas que lo padeces, o bien porque sospeches que alguien de tu entorno pueda presentarlo, es posible que busques consultar con algún experto en el tema. A continuación, te contamos en detalle en qué consiste este trastorno tan complejo. 

 

Los TCA son enfermedades graves, complejas y resistentes, en los que se ven alteradas todas las áreas de la vida de la persona que los padece. Pese a lo que intuitivamente podemos imaginar, no son personas superficiales o preocupadas por su físico. Habitualmente encontramos que detrás del trastorno se esconde una pobre autoestima, inseguridad personal, miedos sociales o traumas pasados y problemas familiares.

 

Para su correcto abordaje se debe prestar atención a todas las áreas de la persona que se ven afectadas por la enfermedad y favorecer así, no solo el bienestar físico; sino también, el emocional. 

Dada la complejidad del trastorno, sabemos que la recuperación definitiva pasa por entender en profundidad el funcionamiento del trastorno en la vida y el entorno de la persona que lo presenta. Por ello, es fundamental contar con un equipo multidisciplinar que permita, atender a los factores que están manteniendo el problema y elaborar un tratamiento específico para la recuperación de cada persona.

 

Revisemos los criterios diagnósticos recogidos en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, DSM-V, para los principales trastornos de alimentación:

Anorexia Nerviosa

  1. Restricción de la ingesta energética en relación con las necesidades, que conlleva a un peso corporal significativamente bajo para la edad, sexo, etapa de desarrollo y salud física del paciente. Un peso significativamente bajo se define como un peso que es inferior al peso mínimo normal, y en niños y adolescentes, menor que el peso mínimo esperado.
  2. Miedo intenso a aumentar de peso o engordar, o comportamiento persistente que interfiere en el aumento de peso, incluso con un peso significativamente bajo.
  3. Alteración en la forma en uno mismo percibe su propio peso o constitución; influencia inapropiada del peso o la constitución corporal en la autoevaluación o falta persistente de reconocimiento de la severidad del bajo peso corporal actual.
 
Designación de subtipo
  • Tipo restrictivo: Durante los últimos tres meses, el paciente no ha tenido episodios recurrentes de atracones o purgas (es decir, vómitos autoinducidos o el uso indebido de laxantes, diuréticos o enemas). La pérdida de peso se logra principalmente a través de dieta, ayuno y/o ejercicio excesivo.
  • Tipo de atracones y purgas: durante los últimos tres meses, el paciente ha presentado episodios recurrentes de atracones o purgas (vómitos autoinducidos o el mal uso de laxantes, diuréticos o enemas).

 

Severidad actual: 

La gravedad en adultos se basa en el IMC actual (índice de masa corporal). Estos límites se establecen según las categorías dadas por la OMS para la delgadez en adultos. En niños y adolescentes se utilizan los percentiles de IMC correspondientes.

  • Bajo peso corporal levemente severo definido como un IMC de ≥17.
  • Bajo peso corporal moderadamente severo definido como un IMC de 16-16,99.
  • Bajo peso corporal severo definido como un IMC de 15-15,99.
  • Bajo peso corporal extremadamente severo definido como un IMC <15.
Bulimia Nerviosa
  1. Episodios recurrentes de atracones. Un episodio de atracón se caracteriza por:
    1. Ingestión, en un período determinado, (p.ej; dentro de un período de dos horas) una cantidad de alimento mayor a lo que la mayoría de las personas ingerirían en un período similar en circunstancias parecidas.
    2. Sensación de falta de control sobre lo que se ingiere durante ese período (p.ej.   sensación de que no se puede parar de comer o no se tiene control sobre lo que se          ingiere).
  2. Comportamientos compensatorios inapropiados recurrentes para evitar el aumento de peso, como el vómito autoinducido; uso incorrecto de laxantes, diuréticos u otros medicamentos; ayuno o ejercicio excesivo.
  3. Los atracones y los comportamientos compensatorios inapropiados ocurren, en promedio, al menos una vez a la semana durante tres meses.
  4. La autoevaluación se ve indebidamente influida por la constitución y el peso corporal.
  5. La alteración no ocurre exclusivamente durante episodios de anorexia nerviosa.

Severidad actual
  • Leve: un promedio de 1-3 episodios de conductas compensatorias inapropiadas por semana.
  • Moderado: un promedio de 4-7 episodios de conductas compensatorias inapropiadas por semana.
  • Severo: un promedio de 8-13 episodios de conductas compensatorias inapropiadas por semana.
  • Extremo: un promedio de 14 o más episodios de conductas compensatorias inapropiadas por semana.
Trastorno por Atracón

A.- Episodios recurrentes de atracones. Un episodio de atracón se caracteriza por:
1. Ingestión, en un período determinado, (p.ej; dentro de un período de dos horas) una cantidad de alimento mayor a lo que la mayoría de las personas ingerirían en un período similar en circunstancias parecidas.
2. Sensación de falta de control sobre lo que se ingiere durante ese período (p.ej.  sensación de que no se puede parar de comer o no se tiene control sobre lo que se ingiere).

 

B.- Los episodios de atracones se asocian a tres (o más) de los siguientes hechos:

  1. Comer mucho más rápido de lo normal.
  2. Comer hasta sentirse desagradablemente lleno.

3. Comer grandes cantidades de alimentos cuando no se siente hambre físicamente

  1. Comer solo por la vergüenza que se siente ante la cantidad que se ingiere
  2. Sentirse luego a disgusto con uno mismo, deprimido o muy avergonzado.
  3. Malestar intenso con respecto a los atracones
  4. Los atracones se producen, de promedio, al menos una vez a la semana durante tres meses
  5. El atracón no se asocia a la presencia recurrente de una conducta compensatoria inapropiada como en la bulimia nerviosa y no se produce exclusivamente en el curso de una bulimia o anorexia nerviosa.

 

Severidad actual
  • Leve: 1-3 atracones por semana.
  • Moderado: 4-7 atracones por semana.
  • Severo: 8-13 atracones por semana.
  • Extremo: 14 o más atracones por semana.

Como podemos comprobar, los principales problemas que rodean a un TCA son la dificultad para relacionarse con la comida de manera sana, la influencia del peso o la imagen corporal en la evaluación personal y las conductas inapropiadas realizadas para intentar controlar el peso.

 

Si estás interesado en los trastornos de la conducta alimenticia y has leído hasta aquí, es posible que te preguntes qué factores intervienen en el desarrollo de una enfermedad tan heterogénea. Este punto es interesante, puesto que para que un tratamiento sea definitivo debe atender no solo a frenar la sintomatología actual; sino también a otros factores que se encuentran en la base de iceberg. 

Así pues, habitualmente se distinguen tres categorías de factores que intervienen en el desarrollo y mantenimiento del problema.

Los factores predisponentes al trastorno de conducta alimenticia son aquellos que intervienen en la vulnerabilidad del individuo para padecer el trastorno. Dentro de esta categoría, encontramos: el contexto social (la cultura de la dieta o la asociación del éxito a cuerpos esbeltos), las dificultades familiares (familias muy exigentes y poco comunicativas emocionalmente, o familias sobreprotectoras que pueden generar dificultades en el proceso de autonomía), excesiva importancia de la imagen como valor dentro de la familia. 

Además, una baja autoestima, rasgos de carácter como el perfeccionismo, la rigidez cognitiva y la exigencia están también relacionados con mayor probabilidad para desarrollar un TCA.

Aquellas situaciones de estrés que rodean la aparición del trastorno, son conocidos como factores precipitantes del trastorno de conducta alimenticia. Son todas aquellas experiencias que han precedido el inicio de la sintomatología. Habitualmente tienen que ver con situaciones en las que existe algún tipo de presión por adelgazar (tras un aumento de peso, burlas con respecto al cuerpo, comparaciones con otros miembros de la familia) y con los estresores vitales que todos conocemos (separación o divorcio, embarazo, duelo, cambios en el ciclo vital).

Por último, los factores mantenedores del trastorno de conducta alimenticia son todas aquellas conductas o pensamientos que la persona repite recurrentemente (como si de un estilo de vida se tratara) y que favorecen la perpetuación de la sintomatología. En esta categoría podemos encontrar conductas como hacer dietas, pesarse o medirse con mayor frecuencia de lo habitual, aumento de la actividad física y negando o minimizando las fluctuaciones del peso.

Es posible que, llegado a este punto, hayamos despejado algunas dudas acerca de en qué consisten los principales TCA. Sin embargo, si tienes algún familiar que lo sufre o tienes sospechas de que lo pueda presentar, seguramente habrás notado que es muy difícil señalarlo o incluso hablar del tema con él/ella. Y es que este punto en uno de los más importantes (y complicados) en el trabajo de los TCA; la baja conciencia de problema y la motivación al cambio.

Son pocos los pacientes adolescentes que llegan por motivación propia a terapia para tratar el trastorno, dado que en su inicio se vive una especie de “luna de miel”. 

Pongamos un ejemplo: Cuando me propongo una meta (adelgazar) y me fijo un plan para conseguirlo (dieta) puedo sentirme bien, dado que mi atención y mi energía están orientados a un objetivo que, aparentemente, puedo conseguir (desviando así la atención de otros temas sobre los que quizá no tenga control, como el divorcio de mis padres o las burlas en el colegio). 

Es posible que baje de peso y eso conlleve cierto reconocimiento social y halagos, lo que generará el firme propósito de mantenerme así y con ello se fije el miedo a subir de peso y la necesidad de mantener ciertas conductas para no volver atrás. 

Sin embargo, pasado un tiempo, comienza a aparecer la “cara oculta” del TCA y las pérdidas comienzan a ser cada vez más evidentes. Es posible que la bajada de peso sea drástica y pierda el período; puedo tener cada vez mayores dificultades para concentrarme o puedo estar cada vez más aislada, ya que la mayoría de las situaciones sociales incluyen la comida y no me sienta capaz de enfrentarme a ello. 

Preguntas Frecuentes del Trastorno de la Conducta Alimenticia

Llegados a este punto es muy probable que surjan algunas dudas:

 

¿Qué puedo hacer si creo que mi hija/o tiene un TCA?

Si tienes sospechas de que algún familiar o amigo pueda sufrir un TCA es importante que intentes hablar con él, no solo con datos objetivos (cuidado, es posible que se sienta amenazado y juzgado); sino desde el malestar, la angustia y la soledad que probablemente esté sintiendo. 

Que pueda entenderlo no sólo como un problema físico, sino también emocional. Acudid a profesionales específicos y asociaciones de familiares que os orienten en la búsqueda del mejor tratamiento, así como prestaros apoyo también a vosotros, ya que es un camino largo con muchos altibajos donde se requiere el trabajo de toda la familia. 

Buscar ayuda especialidad y realizar un buen diagnóstico es esencial para que el tratamiento se ajuste dependiendo de la gravedad y el deterioro físico (recursos ambulatorios, hospital de día u hospitalización).

 

¿Puedo tener un TCA si soy adulto? 

Efectivamente, el TCA no es sólo una cuestión adolescente. Aunque el grueso de la prevalencia se sitúa entre los 12 y 18 años, el TCA en adultos es frecuente, especialmente cuando se ha sufrido alguno de ellos en la adolescencia, tras un embarazo o tras un estresor vital importante.

 

¿Puedo tener o haber tenido varios TCA a lo largo de mi vida? 

Es posible que tras leer los criterios de cada trastorno hayas sentido que los has presentado todos en distintos momentos de tu vida. Esto es posible, ya que la sintomatología del TCA puede variar a lo largo de la vida, o incluso no cumplir todos los criterios y sentir que estás en el límite de todos ellos, esto es, lo que se conoce como el trastorno de la conducta alimentaria no especificado (TCANE).

 

El tratamiento implica siempre aumentar de peso

Probablemente, este sea el mayor temor antes de iniciar un tratamiento para el TCA o incluso persuadir para su inicio. Sin embargo, no siempre tiene por qué se así. Muchas personas con TCA presentan normopeso, por lo que el tratamiento irá destinado a mantenerlo. 

Solo en los casos de anorexia, donde exista un bajo peso con deterioro físico, el aumento de peso será uno de los objetivos de terapia y nunca el único.

 

¿La recuperación total es posible? 

Como venimos diciendo, los TCA son complejos, resistentes y persistentes en el tiempo. Precisamente por eso, es esencial la búsqueda de ayuda especializada a través de equipos multidisciplinares que mantengan el seguimiento a largo plazo con el fin de prevenir recaídas.

 Aproximadamente un 10-20% de las pacientes cronifican, pero este dato puede prevenirse si se busca la ayuda adecuada, así como si en su intervención participa la familia de forma activa y coordinada con los especialistas.

En resumen, los TCA no son un estilo de vida, son enfermedades complejas y graves, que afectan a todas las áreas de la vida de las personas que lo sufren (e incluso a sus familias). Es por esto por lo que en su tratamiento debemos contar con equipos multidisciplinares específicos, para que el abordaje se adapte al momento de cada paciente y lo acompañe a largo plazo, evitando así futuras recaídas.

 
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