Los trastornos psicóticos constituyen un grupo de trastornos mentales graves que se caracterizan por la alteración de la experiencia y del pensamiento y que pueden incluir ideas delirantes, alucinaciones y alteraciones del comportamiento. Estos diagnósticos suelen asustar mucho a los pacientes y a sus familiares. Sin embargo, en la mayoría de casos el pronóstico puede ser muy bueno si se ponen en marcha los mecanismos terapéuticos necesarios.

Podemos diferenciar formas agudas que cursan como episodios, aislados o repetidos en el tiempo, y otras que tienden a la cronicidad de los síntomas.

En un episodio psicótico agudo aparecen típicamente ideas de perjuicio (ser víctima de un complot, de persecución, de envenenamiento), con frecuencia acompañadas de alucinaciones (las más frecuentes auditivas: escucha de voces, ruidos), comportamientos extraños, suspicacia hacia los demás, sensación de ser observado o que se habla de uno, angustia e insomnio. En algunos casos el paciente percibe que controlan sus pensamientos o que estos pueden ser conocidos por los demás. Es posible encontrar también un lenguaje incoherente y peculiar.

Entre los trastornos psicóticos destaca en importancia la esquizofrenia por su gravedad y cronicidad. Aquí la experiencia del mundo, de los otros y de sí mismo está más profundamente alterada. Se estima que la esquizofrenia afecta a un 1% de la población, sin diferencias significativas entre sexos. Suele comenzar en la adolescencia o juventud (habitualmente entre los 15-25 años en varones, entre los 25-35 años en mujeres), debutando en algunos casos en forma de un episodio psicótico más o menos agudo y florido; en otros, las alteraciones del comportamiento y del pensamiento se desarrollan más lentamente sin que resulten tan llamativas en un primer momento (con frecuencia aislamiento progresivo, descenso del rendimiento académico, cambios en los intereses, actitudes inusuales). La evolución es muy variable, condicionada en buena parte por la precocidad de la detección y del tratamiento, pero también por factores como la edad de inicio, el sexo (peor pronóstico en varones), las propias características del cuadro, la conciencia de enfermedad, la adherencia terapéutica y el soporte socio-familiar. Puede cursar con un número de descompensaciones a lo largo de la vida en las que se reactivan o intensifican las ideas delirantes y las alucinaciones, a veces llegando a requerir ingreso hospitalario en caso de alteraciones de conducta. Cuando la esquizofrenia evoluciona desfavorablemente, aboca a cambios en la personalidad y a un deterioro del funcionamiento general, la autonomía y el ajuste social.

En el trastorno delirante crónico (también denominado trastorno de ideas delirantes persistentes o paranoia) lo que destaca es un delirio cronificado, sistematizado e invariable en su tema (habitualmente, ser objeto de algún tipo de perjuicio o persecución), sin observarse alteraciones tan marcadas de la personalidad o del funcionamiento. Su edad de comienzo es más tardía, normalmente después de los 40 años, y su prevalencia en la población es baja.

Se habla de trastorno esquizoafectivo cuando el cuadro clínico combina síntomas típicos de la esquizofrenia con aquellos de la depresión o del trastorno bipolar.

¿Cuáles son las causas de los trastornos psicóticos?

No hay una causa específica conocida de los trastornos psicóticos, aunque sí podemos identificar algunos factores predisponentes y desencadenantes:

  • Genéticos: puede existir una vulnerabilidad hereditaria, especialmente en el caso de la esquizofrenia. El riesgo de sufrir esquizofrenia es de aproximadamente el 10% cuando existe un familiar de primer grado afectado.
  • Consumo de drogas: sustancias como el cannabis, la cocaína, las drogas de diseño o los alucinógenos pueden provocar la aparición de síntomas psicóticos durante la intoxicación, pero también pueden dar lugar a cuadros más prolongados en el tiempo y que se denominan psicosis tóxicas. El consumo intensivo de cannabis en la adolescencia/juventud es un factor de riesgo conocido para el desarrollo de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos.
  • Otras enfermedades: los síntomas psicóticos pueden aparecer en patologías neurológicas como las demencias, la enfermedad de Parkinson y la epilepsia, en trastornos endocrinológicos (por ejemplo el hipertiroidismo), en enfermedades autoinmunes (como el Lupus Eritematoso Sistémico), así como por el empleo determinados fármacos (principalmente fármacos de acción dopaminérgica).

¿Cómo se diagnostica una psicosis?

El diagnóstico de los trastornos psicóticos es clínico, es decir, se realiza mediante la entrevista, la exploración psicopatológica y una atenta reconstrucción de la historia y las vivencias del paciente. No disponemos a día de hoy de ninguna prueba que pueda confirmar el diagnóstico de esquizofrenia o de cualquier otra psicosis.

Sin embargo, ante un primer episodio de síntomas psicóticos es necesario descartar en primer lugar la existencia de otra patología orgánica que pueda explicarlos. En algunos casos puede estar indicada la realización de estudios analíticos y de pruebas de imagen cerebral, así como un electroencefalograma.

El diagnóstico de la esquizofrenia es complejo y debe establecerse siempre con cautela, especialmente si se trata de un primer episodio psicótico.

¿Cuál es el tratamiento de una psicosis?

Los fármacos antipsicóticos constituyen el abordaje principal en el tratamiento de los síntomas psicóticos. Tras un episodio psicótico agudo, el tratamiento debe prolongarse durante un periodo de tiempo para prevenir posibles recaídas (generalmente se recomienda un año de tratamiento después de un primer episodio psicótico). En el caso de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos crónicos, puede ser preciso incluso un tratamiento de mantenimiento a largo plazo. El desarrollo de nuevos fármacos ha permitido minimizar considerablemente los efectos secundarios y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Sin embargo, la medicación no supone el único abordaje terapéutico. La terapia psicológica, la terapia familiar, la terapia ocupacional y la rehabilitación cognitiva han demostrado mejorar la evolución y el pronóstico de los trastornos psicóticos.

Iniciar el tratamiento precozmente es fundamental para la evolución posterior, así como un seguimiento clínico estrecho. Tras un primer episodio psicótico se centran los esfuerzos en tratar de prevenir nuevos episodios, ya que esto ha demostrado mejorar el pronóstico a largo plazo. A este respecto se considera fundamental optimizar el tratamiento farmacológico para prevenir la aparición de efectos secundarios (como aumento de peso, sedación y disfunción sexual), pues la aparición de efectos secundarios supone la principal causa de abandono de tratamiento, lo que aumenta significativamente el riesgo de una nueva descompensación.

En pacientes con esquizofrenia pueden ser necesarios apoyos adicionales y recursos rehabilitadores (rehabilitación psicosocial, rehabilitación laboral, etc.).

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